Inicio Quienes somos La Asociación. Grupos de actividades Historia de Alcalá Tradiciones Alcalá y su Tierra Foto_historia Biblioteca Contacto opin. créd.
Tierra de Alcalá      

La Tierra de Alcalá de Henares 

Tierra de Alcalá estaba integrada por 25  Villas como se ve en el mapa adjunto.
Si quieres conocer más sobre la historia de cada una de ellas, pincha sobre el mapa

Alcalá de Henares, Complutum en época romana (de ahí el doble gentilicio de alcalaíno/a y complutense), se encuentra situada a unos 30 km. de Madrid, a orillas del río Henares. Está casi el centro geográfico de la Península (que en realidad lo marca el Cerro de los Ángeles), pues se encuentra a tan sólo 8 km. de Meco, el pueblo considerado en otros tiempos más alejado del mar, lo cual motivó la concesión de una bula papal dispensando a sus habitantes de la obligación de abstinencia de comer carne los viernes de Cuaresma. La altitud sobre el nivel del mar es de 595 m (en la plaza de Cervantes). Ambas cosas determinan que su clima sea mediterráneo continental, con veranos cálidos e inviernos fríos, y temperaturas muy contrastadas entre el día y la noche sobre todo en invierno, además de no muy lluvioso (unos 450 mm al año de media). El río está relativamente alejado del centro de la ciudad, pero la topografía tan suave, y los arroyos que le llegan desde el noroeste (Torote y Camarmilla) hacen que el nivel freático esté muy cercano a la superficie, como es bien visible en las obras de cimentación de nuevas construcciones, sobre todo cuanto más cerca del Henares. De hecho en otras épocas han sido tanto o más importantes las avenidas provocadas por estos arroyos (junto con el Villamalea, hoy canalizado), como las del propio Henares.

 

        El valle de este río es asimétrico, lo que hace que una de sus márgenes (la derecha) sea muy amplia, con distintos niveles de terrazas fluviales, y la otra (la izquierda) estrecha, con el río lamiendo continuamente el pie de los cerros vecinos. La seña de identidad más característica de nuestra ciudad es la profusión de torres, cúpulas y chapiteles enmarcados sobre el fondo de los cerros. Estos, de arcilla y yesos fundamentalmente, con forma de meseta y surcados de profundas cárcavas cuando no los protege un manto de vegetación, se van desmoronando poco a poco con las crecidas del río. Sus nombres tan sonoros recuerdan distintos episodios de la historia: Ecce Homo, Malvecino, San Juan del Viso. La cuesta del Gurugú y de Zulema, por donde se accede al páramo alcarreño, completan el elenco de topónimos locales. La margen derecha sirve de asiento a la ciudad actual, al igual que en otros tiempos hizo con la ciudad romana, mientras que la margen izquierda fue el lugar de asentamiento del castillo árabe, del cual toma la ciudad su nombre actual (“Q’alat” en árabe significa castillo), y del castro celtíbero del que seguramente proviene el nombre romano de Complutum, en lo alto del cerro del Viso. Porque la otra característica de nuestra ciudad, que le mereció el calificativo de “ciudad viajera”, es la variedad de ubicaciones que ha tenido a lo largo de la historia: los distintos poblados de la Edad del Bronce tanto en los cerros como en la vega, el castro celtíbero del Viso, la ciudad romana en la confluencia de Camarmilla y Henares, la ciudad hispano-visigoda, medieval y renacentista en su ubicación actual, el doble asentamiento en época árabe (el otro al pie del Ecce Homo, en la otra orilla del río)...

 

        La población actual a día de hoy supera los 200.000 habitantes, y forma parte de lo que se considera el área metropolitana de Madrid, aunque manteniendo un carácter que le es propio, enriquecido en los últimos tiempos mediante las aportaciones de la Universidad y el Obispado, añadidas a las del propio Ayuntamiento. Tras el declive sufrido con la pérdida de la Universidad hacia mediados del siglo XIX, y la reorientación de su economía hacia el sector agrícola, sin mencionar el bache de la Guerra Civil, resurge como ciudad industrial en los 60-70 gracias a la instalación de numerosas industrias a lo largo de las vías de comunicación Madrid-Barcelona. Se produce entonces la llegada masiva de personas de otros lugares de la geografía española, con el consiguiente aumento de población y el crecimiento desmedido de la ciudad a partir del núcleo histórico. Comienza a recuperar su antiguo carácter tras la llegada de la Universidad en 1975, que ha aportado no sólo desde el punto de vista profesional y cultural, sino que también ha contribuido enorme y significativamente a la recuperación de su patrimonio arquitectónico. A esta recuperación se unió en 1991 el recién creado Obispado de Alcalá, con la magnífica restauración de aquellos edificios bajo su jurisdicción. Una recuperación que mereció en 1998 la declaración por parte de la UNESCO de Ciudad Patrimonio de la Humanidad a la ciudad universitaria y el recinto urbano en el que se encuentra. Junto con el de conservar y mejorar nuestro patrimonio, un nuevo reto se plantea a nuestra ciudad en el nuevo siglo: ante el aluvión de inmigrantes, tanto de países latinoamericanos como sobre todo de Europa del este, que han cambiado incluso el panorama lingüístico de los barrios, convertirse en una ciudad más humana y acogedora, mejorar los servicios, las infraestructuras, las prestaciones, y los intercambios culturales, para conocernos mejor y construir juntos un futuro más grande para nuestra ciudad.