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EL FUERO NUEVO DE ALCALÁ Y SU TIERRA V CENTENARIO
El próximo mes de febrero, se cumplen 500 años de la concesión del Fuero Nuevo para la organización social y económica de la entonces Villa de Alcalá y su Común de Tierra y Aldeas. Este privilegio otorgado por el Cardenal Cisneros supuso la modernización de la administración y gestión del Alfoz de Alcalá tras el Fuero Viejo y el Fuero Extenso.
Eran tiempos en que Alcalá capitalizaba y regía una comarca de considerable extensión que abarcaba tanto La Campiña del Henares como la Alcarria de Alcalá. A pesar de que las poblaciones de la Tierra dependían del concejo alcalaíno, con el malestar e incomodidad que suponía tener la cabeza comarcal tan lejos, sobre todo para aquellos vecinos de Algete, Orusco o Perales de Tajuña, existía una vinculación entre pueblos y una organización relativamente descentralizada, en Cuartos, que convertía a otros pueblos en subcabeceras del alfoz como son los casos de Villalbilla, Santorcaz, Arganda, Pezuela, Loeches y El Campo (Campo Real) hacia 1509, aproximadamente.
Con los años, las aldeas van consiguiendo la condición de villazgo y se independizan del concejo alcalaíno. Posteriormente, con la caída del Antiguo Régimen desaparece el sistema de Comunidad de Villa y Tierra, quedan abolidos los fueros y Alcalá perderá su condición de cabeza de comarca foral. Seguirá siendo cabeza de partido judicial o Vicaría General. Casi paralelamente, el distrito de Alcalá se une al de Madrid para formar la Provincia de Madrid en 1833. Al tiempo, Alcalá perdería la Vicaría General y la posibilidad de ver reconstituida su histórica diócesis de Compluto.
La invasión francesa, la desamortización, la centralización en Madrid de instituciones provinciales, el expolio de la Universidad o la Guerra Civil nos dejará una abúlica ciudad, sin actividad y como parada en el tiempo, grandioso almacén de cuarteles, cárceles y edificios en ruinas. El desarrollismo industrial de los 60 y 70 traería beneficios y perjuicios. Una ingente población que deja su tierra y se instala en la ignota provincia de Madrid y en la menos aún conocida Alcalá. Una población desmantelada y con 25.000 habitantes que a duras penas consigue hacer de colchón y arraigar los miles de forasteros que vendrían a dinamizar la paralizada ciudad. Tendríamos un enorme poblachón dormitorio, con graves problemas de identidad y arraigo social, al igual que las extensas aglomeraciones humanas de Moratalaz, Villaverde, Fuenlabrada, Leganés o Móstoles. A principios de los 80, la clase política regional no concedería a Alcalá, la otra ciudad histórica de la provincia, la posibilidad de recuperar tiempos pasados en que fue la cabeza de su alfoz e importante feria comercial y ganadera, la ciudad universalmente conocida como faro del saber y del conocimiento humanista.
El patrimonio histórico y cultural de un pueblo, de una ciudad, es fundamental para entenderla y conservar sus señas de identidad. Hechos históricos tan importantes como es el gozar de un Fuero Nuevo que hizo de Alcalá una ciudad unida a su comarca y capital de un bellísimo territorio podían facilitar una mayor identidad local y un mayor conocimiento de nuestros pueblos y ciudades, compañeros de historia y de comarca. La celebración y la divulgación social de este evento podrían ayudar a sentirnos más orgullosos de nuestra ciudad o de nuestro pueblo. La ciudadanía podría conocer cómo son los pueblos y la naturaleza de la Alcarria de Alcalá o los de La Campiña. Podríamos saber cómo es Carabaña, Daganzo o la misma ciudad medieval en esa época. Incluso tal efeméride podría llevarse a cabo de manera coordinada entre todos los municipios que formaron la Tierra de Alcalá y con otros que no estuvieron en ella pero que forman parte indiscutible de nuestra tierra, como es el caso de Meco, por ejemplo. Desde conferencias, exposiciones itinerantes, actos culturales a recuerdo urbano en forma de monolito o placa; ya propusimos un espacio conmemorativo a la alcaldía de la ciudad, en la Plaza de San Lucas, antes de que fuera así denominada, como tienen en Aranda de Duero. Que no se quedase en una celebración para los que amamos la historia de Alcalá sino para toda la ciudadanía de la comarca.
Vemos cómo se pregonan a los cuatro vientos los 800 años de la Carta-Fuero de la Coruña, el 700 aniversario del Fuero Extenso de la Tierra de Sepúlveda, el 7º Centenario del Fuero de Soria en 2006 o el IX Centenario del de Logroño pero en nuestra ciudad no parece haber visos de conmemoración de tan digno acontecimiento histórico. Quizá la crisis global obligue a no celebrar como merece el V Centenario del Fuero Nuevo pero no tiene que ser demasiado caro ni comprometedor para la salud financiera de Alcalá un recuerdo que nos muestre a los ciudadanos y ciudadanas que, durante siglos, Alcalá no fue el satélite dormitorio que es hoy, que fue capital de ese territorio que está englobado en el que llaman Madrid Este, Corredor del Henares, Campiña Madrileña o Alcarria de Madrid y que hubo un hermanamiento entre poblaciones que hoy estamos a tiempo de rememorar.
Otra seña de identidad que refuerce el sentimiento de arraigo, orgullo y pertenencia de los alcalaínos y alcalaínas puede y debe ser enarbolada por los cuatro puntos cardinales de nuestra comarca y país. Aunque algunos digan que ahora estemos en mejor situación, hay otros que no pensamos de esa manera, ya que es evidente que a pesar de nuestra carga histórica nos vemos incluidos en “los pueblos del Este” o “Corredor del Henares” cuando internacionalmente se nos ha reconocido como una ciudad singular.
Nuestro reconocimiento a la Institución de Estudios Complutenses por las conferencias que ha preparado para mejor conocimiento de este importante tema, y únicos en reaccionar.
Asociación CulturalHijos y Amigos de Alcalá