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Una mirada a nuestra historia
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Los Arzobispos Mendoza y Cisneros
Su sucesor será D. Pedro González de Mendoza, conocido como el Cardenal de España, b
ajo cuyo carismático mandato continuarán las obras de la colegiata (cuyo proyecto modificará), y los estudios generales se engrandecen concediendo los primeros títulos de carácter universitario. La andariega corte de los Reyes Católicos pasará por Alcalá en varias ocasiones, estableciéndose en el Palacio. En una de estas ocasiones, a finales de 1485, nacerá Catalina de Aragón, futura esposa de Enrique VIII, en un frío mes de diciembre. Días después será bautizada por el cardenal en la colegiata, aún sin concluir. Estando todavía la reina en la cuarentena del parto, a principios del año siguiente (20 de enero de 1486) tiene lugar la primera entrevista entre Isabel y Cristóbal Colón. Estos negocios, iniciados en el maravilloso marco de las yeserías y artesonados del palacio, concluirán seis años más tarde con el incomparable telón de fondo de Granada, poniéndose en marcha la gran aventura transatlántica hacia las Indias.
Durante su mandato tendrá lugar la fundación de una institución muy querida entre los alcalaínos, el Hospitalillo. En 1483 D. Luis de Antezana y su mujer Dña. Isabel de Guzmán fundan en su palacio de la calle Mayor el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, refundiendo en él el antiguo hospital de San Julián. El objetivo de esta añeja institución es la de atender gratuitamente a enfermos pobres, labor que continúa en nuestros días, siendo la única institución medieval de este carácter todavía en funcionamiento en Europa, al menos que tengamos noticia.
Y así llegamos a 1495, año de la muerte del Cardenal Mendoza, el cual deja designado a Cisneros como su sucesor. Francisco Ximénez de Cisneros, hombre de gran in
teligencia y visión de futuro, un adelantado para su época, será quizá la figura que más influencia tenga sobre Alcalá. Su vida va a estar entrelazada con la de sus dos antecesores en el Arzobispado, Carrillo y Mendoza. Tras su regreso de Roma, hacia 1466, tiene un encontronazo con el primero: trae una licencia para ocupar el primer puesto vacante en la archidiócesis, que resultó ser uno que el Arzobispo pretendía para un familiar. Como Cisneros no renunciara a su privilegio, Carrillo lo encarceló durante una temporada, en Santorcaz y Uceda. Finalmente será liberado y ocupará la Capellanía Mayor de Sigüenza, de la que pasará luego a Arcipreste. Allí conocerá a D. Pedro González de Mendoza, de quien será un gran amigo. Cuando éste sucede a Carrillo, irá favoreciendo en lo posible a Cisneros, primero proponiéndole como confesor de la reina Isabel en 1492, y después como su sucesor en el Arzobispado, cargo que al principio Cisneros no aceptará