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La Reconquista        

 

Una mirada a nuestra historia

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La reconquista...

            

        El final de tanta agitación llegará tan sólo unos años después. Tras un intento fallido, el arzobispo de Toledo D. Bernardo de Sèdirac, al mando de las tropas de Alfonso VI de Castilla, pondrá sitio a la fortaleza árabe. Mal vecino se buscaron los complutenses de entonces, pues los cristianos los aislaron y construyeron en el cerro más próximo un castillejo de madera desde el que hostigar a la fortaleza. Desde entonces ese cerro lleva un nombre muy apropiado a tal fortuna: “Malvecino”. Tras un largo asedio, el día de la Exaltación de la Santa Cruz, según cuenta la leyenda, una cruz en llamas apareció sobre la cima del Ecce Homo, enardeciendo a las tropas cristianas y llenando de temor a los defensores de la fortaleza. Ese mismo día, 3 de mayo de 1118, era conquistado el castillo, con lo que finaliza el gobierno musulmán de nuestra ciudad. Por su ayuda al Arzobispo el solar complutense estará bajo la directa jurisdicción del rey, hasta que unos años después, en 1127, Alfonso VII y su esposa Dña. Berenguela, hacen donación de Alcalá y su tierra al Arzobispado de Toledo.

 

            El arzobispo D. Bernardo no disfrutará mucho tiempo de su victoria, ya que muere pocos años después de la batalla. Sin embargo sus gestiones en la Santa Sede darán un giro al desarrollo de nuestra historia: en 1099 consigue una bula papal por la que los territorios de la antigua diócesis visigoda de Complutum (cuya sede, vacante desde 1067, se había trasladado a Guadalajara en 922) quedarán incorporados a la diócesis de Toledo. Con ello se hacía una excepción a la costumbre generalizada en los territorios peninsulares reconquistados, por la que se restauraban automáticamente las diócesis existentes antes del dominio musulmán. Nada podía negarle el Papa a quien tenía por misión iniciar grandes cambios en la iglesia hispana. Bernardo saldrá de los claustros de los claustros de San Juan de Sahagún para emprender el cambio de la liturgia mozárabe por la nueva liturgia romana, a fin de unificar el culto de toda la cristiandad occidental.