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Una mirada a nuestra historia
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El sueño de Cisneros
A partir de su formación inicial como sacerdote concebirá un sueño que sólo años después, con los recursos de la Archidiócesis de Toledo como respaldo, podrá poner en marcha. Para Cisneros el sacerdote debe ocuparse del cuidado de las almas y la evangelización antes que de los legalismos y las cuestiones de administración. Pero para ello se necesita una buena formación, no sólo en filosofía y moral sino también en teología y sagradas escrituras. Su sueño será, por tanto, la de crear un lugar de estudios donde florezcan las Artes Liberales y sobre todo la Teología, estudiada desde las distintas vías existentes. Un enfoque novedoso de los estudios de Teología, renacentista en su carácter científico, queriendo llegar a la verdad a través de distintas formas de análisis sin excluir ninguna. Para ello era imprescindible una versión depurada de las sagradas escrituras, libre de los errores de traducción y copia acumulados a partir de los textos canónicos originales.
En su visión, un grupo de estudiantes, capaces y entusiastas, sin importar su procedencia social, convive con los mejores profesores, y todos se reúnen entorno a las sagradas escrituras con el fin de profundizar lo humanamente posible en la Revelación Divina. Sin distracciones, sin tener que preocuparse por cuestiones mundanas, para sacar el mayor provecho y poder ser luz de las gentes.
Necesitará, por tanto, un lugar privilegiado que les arrope, un Colegio que sirva a la vez de guía para el resto de colegios, encargados de la formación en niveles académicos inferiores y en disciplinas complementarias, que en su conjunto constituirán la Universidad. A su vez, la universidad tendrá que tener todas sus necesidades cubiertas, y deberá estar concentrada en el espacio para evitar las distracciones. Para ello será necesario diseñar toda una ciudad dedicada al estudio, con todos los servicios necesarios a estudiantes y profesores: librerías, imprentas, tiendas, viviendas, panadería, carnicería, lavandería, etc… Una ciudad para el estudio, donde florezcan las Artes y la Teología, fiel materialización de la idea siglos antes expresada por San Agustín “Ciudad de Dios que ilumine a las ciudades de todas las naciones”.
El lugar elegido para materializar su sueño será Alcalá, sede de los Estudios Generales reformados por Carrillo y Mendoza, ya reubicados en una zona con propiedades disponibles para su compra (entre ellas varias pertenecientes a la orden franciscana, en la que había ingresado hacía años), y cerca tanto de Madrid como de Toledo.
La segunda corte arzobispal necesitará reformas, con el fin de adaptar la vieja ciudad medieval a las nuevas funciones que habrá de tener como sede de su universidad. Reformará calles, introducirá el alcantarillado, construirá un pósito… En el lado oriental de la ciudad, y sobre todo en las cercanías del convento de Santa María de Jesús, comenzará a comprar casas y propiedades nada más llegar a la silla primada. Para aquellos a los que el comadreo no había proporcionado aún una respuesta ante tan frenética actividad inmobiliaria, el misterio se desvelaría pocos años después, un 13 de marzo de 1499, día designado por Cisneros para colocar la primera piedra del que será el Colegio Mayor de San Ildefonso, corazón y guía de la nueva Universidad. Un mes después llegaría la buena noticia de Roma: el papa Alejandro VI comprendía su sueño y accedía a sus deseos mediante las Bulas necesarias para el reconocimiento de la fundación y para la dotación de cátedras del Colegio.
El proyecto cisneriano constituye el primer diseño en la historia de una ciudad universitaria como tal, concebida y construida para el estudio. Este hecho, unido a la exportación del modelo universitario a muchas de las nuevas universidades creadas en América, constituye el núcleo de la declaración por parte de la UNESCO de Alcalá de Henares como Patrimonio de la Humanidad (concretamente “la Universidad y el recinto histórico en el que se encuentra”, ver página UNESCO). A lo que no podía faltar, claro está, la contribución al desarrollo de la lengua castellana por ser la cuna del ingenio universal de Cervantes.
Continuará….